2026 marca un punto de inflexión para la logística de última milla: el tiempo del crecimiento lineal parece haber terminado. Los operadores deben ahora enfrentarse a un entorno donde la incertidumbre es la norma: una inflación persistente, la volatilidad de los costes energéticos, unos tipos de interés permanentemente altos, presiones geopolíticas y la escasez de financiación influyen de forma duradera en los modelos de entrega en España y en Europa. En este contexto, solo los actores capaces de reinventar sus decisiones, acelerar la digitalización (TMS/DMS, optimización de rutas, seguimiento y trazabilidad) y apoyarse en la resiliencia colectiva lograrán marcar la diferencia.
Esta incertidumbre cambia por completo las reglas de la gestión operativa. Los profesionales de la logística se enfrentan a interrupciones recurrentes: un día, la subida de los precios de la energía; al día siguiente, cuellos de botella en los puertos o una explosión de los costes de flete debido a la situación geopolítica. Esta imprevisibilidad también afecta a los flujos en el territorio nacional, donde la demanda varía de forma mucho más volátil que antes. La planificación logística se replantea casi día a día, con una planificación dinámica de rutas, reasignación de capacidades, ventanas de entrega más ajustadas y una priorización por servicio/ROI.
En un contexto de tipos de interés persistentemente altos, el departamento financiero toma el control: la prioridad se concede a aquellos proyectos cuyo ROI pueda demostrarse rápidamente. Se priorizan los proyectos digitales orientados a la gestión de la cadena logística, la automatización o la reducción directa de los costes de transporte (optimización de rutas, reducción de kilómetros en vacío, mejor tasa de llenado y menor coste por entrega).
«Tras una década de crédito barato, las empresas y sus departamentos financieros son mucho más selectivos. Los proyectos deben demostrar su retorno de la inversión rápidamente para ser aprobados.»
Antoine Routaboul, Suppléo
El resultado: la transformación se acelera en los puntos clave que generan valor —optimización operativa, automatización, visibilidad en tiempo real—, en detrimento de las innovaciones secundarias o prospectivas. El sector logístico, históricamente intensivo en capital, debe ahora arbitrar entre el mantenimiento operativo, la automatización y la adaptación medioambiental, apoyándose en KPIs como coste por entrega, puntualidad y productividad.
Ante este nuevo panorama, las empresas no tienen más opción que reforzar su resiliencia: «La primera prioridad: la resiliencia. Los actores deben diversificar sus socios, asegurar sus capacidades y adaptar sus esquemas logísticos para poder absorber los impactos», nos dice Antoine Routaboul.
Las plataformas digitales (TMS, DMS) y las herramientas de IA se vuelven estratégicas: la anticipación, la gestión en tiempo real, la automatización y los gemelos digitales ofrecen la reactividad necesaria. La mutualización de los flujos —hubs compartidos, alianzas entre empresas o con 3PL/startups consolidadas— permite repartir los riesgos y optimizar las inversiones, incluyendo la mutualización de flotas y la consolidación de carga en última milla. En este contexto, la lógica de “hacerlo juntos” se impone a la de “hacerlo solo”, para mantenerse ágil y limitar las vulnerabilidades.
D’après Antoine Routaboul : « Il y a un vrai levier dans la collaboration : mutualisation des flux, hubs partagés, ou partenariats avec des start-ups déjà établies. Cela permet de rester agile sans porter seul tous les coûts. »
«Hoy, las empresas operan en un entorno mucho más incierto que hace unos años. A esto se suman unos tipos de interés persistentemente altos... Finalmente, observamos una desaceleración de la financiación de capital riesgo, lo que afecta directamente al ecosistema y a la innovación logística. Hay una verdadera oportunidad en la colaboración: mutualización de flujos, hubs compartidos o alianzas con start-ups ya consolidadas. Esto permite mantenerse ágil sin asumir todos los costes en solitario...»
Antoine Routaboul, Associé Suppléo
El contexto macroeconómico de 2026 obliga al sector de la entrega a repensar sus fundamentos: decisiones más estrictas, búsqueda de la eficiencia absoluta y aceleración de la digitalización. Ante un período en el que la incertidumbre prevalece sobre la previsibilidad, la resiliencia colectiva, la agilidad —y el buen uso de los datos— dan lugar a un nuevo modelo, ya en fase de experimentación acelerada. Saber adaptarse, colaborar y atreverse a invertir en la palanca correcta se convierte en el principal motor de crecimiento futuro del sector.